"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos".
Juan 15:13
Estoy sola en el mundo. Yo sé que me falta
algo, pero es muy difícil de hallar. Estoy perdida, es que no tengo a nadie a
quien confesar mis secretos, mis temores, mis alegrías, mis decepciones, mi
felicidad, mi tristeza, mi TODO.
Un momento… veo algo; veo una luz, veo un
arco iris, veo una estrella en la oscuridad, veo una brisa cálida ¿será? Sí, yo
creo que sí. Es la amistad que siempre tuve, pero ¿cómo pude ser tan tonta de
nunca antes haberla visto?
Es mi amiga, mi compañera, mi alma gemela,
esperen…son más amigos, tal vez no más de cincuenta o más de veinte, quizá un
poco menos, pero sé que aquellos son los que necesito. La realidad es que
nadie necesita tantos amigos, ¿de qué
serviría tener un millón si el 90 % no acudiría a ayudarte cuando estés
al borde de la muerte?
Todo este tiempo creí haber estado sola, sin
darme cuenta que esas luces que hacen
brillar mi mundo entero son mis amigos.
Amistad, demasiada poderosa que no puedes controlarla, tiene fuerzas que te hacen levantar por la mañana para ir a clases, tiene poderes de alegría y locura, tan veloz que cuando estás con ella el tiempo pasa volando, hasta lleva consigo un botiquín de emergencia para sanar tus lágrimas.
¿Pero que Ser más perfecto inventó la
amistad? ¿Quien nos regaló esos ángeles llamados amigos? ¿Quien me ayudó a
encontrarlos, a encontrarlos de donde siempre estuvieron? -en mi pequeño y
frágil corazón- Así es, fue el SEÑOR, quien hizo los cielos y la tierra; y a
nosotros mismos. Hizo todo esto para que se complementen perfectamente.
Sí, el creó la tierra para que nos encontremos nosotros -las personas- y para que
en las personas se encuentre la AMISTAD.
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